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Usumacinta
La luna está vacía y no encuentra su alma.
La luna está vacía y no sale de su casa.
La luna está vacía y me atrapa entre sus dedos, me llena de dulces los silencios, me cubre de besos las rodillas.
La luna está vacía porque se ha ido el cielo azul, sólo, sin estrellas, al incendio que sucede cada aurora.
La luna se ha ido, vacía y todo, se ha ido y no la encuentro.
La luna se ha ido por los caminos del norte, se ha trepado en los cerros, se ha guiado con los bastones de los ciegos.
La luna ha perdido el horizonte, se ha esfumado de su lecho, se ha clavado una espina, se ha pinchado en cada dedo.
La luna se ha perdido en el mar, en el incendio, en las lanchas salvavidas, en los jóvenes que lavaban sus heridas y no hubo una orden en su tiempo.
La luna está vacía, sus ojos ya no lloran.
La luna se ha ido del espacio, a atrapar las almas de los muertos.
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